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domingo, 27 de febrero de 2011

Ruta de la Revolución Liberal Restauradora

Cipriano Castro en armas contra el Gobierno de Ignacio Andrade, cruza el 23 de mayo de 1899 el río Táchira, en el comienzo de una victoriosa marcha hacia Caracas. El desarrollo de la invasión se presentó con fuerza arrolladora, derrotando a su paso todas las fuerzas gubernamentales de San Cristóbal, Toconó, Paramillo y Táriba. En el Estado Mérida, en la localidad de Tovar en un enfrentamiento vencieron a las tropas del general González Pacheco sin encontrar resistencia continuaron hasta Barquisimeto donde derrotaron al General Elias Aular quien era presidente del Estado Lara; continuaron por Yaracuy hasta el centro. Siguieron por Nirgua venciendo al General Rosendo Medina (padre de Isaías Medina).
Era la Revolución Liberal Restauradora o invasión de los sesenta. Entre quienes acompañan a Castro iba su compadre Juan Vicente Gómez. Castro proclamaba que Andrade violaba la Constitución y él la restauraría. En la población tachirense de Capacho, su cuna, lo espera una multitud. Allí organiza un ejército de 1.500 hombres y avanza hacia Caracas, de triunfo en triunfo, hasta llegar a la capital el 23 de octubre de 1899. El lema de su revolución era: Nuevos hombres, nuevos ideales, nuevos procedimientos.
La bala de la Carmelera (donde muere Joaquín Crespo) va a trazar rumbos nuevos a la historia política venezolana. El Congreso de 1899 acuerda restablecer la autonomía de los Estados conforme a la Constitución de 1864 y dispone que en tanto se organicen las secciones con el carácter de Estados, Andrade nombre presidentes interinos volviendo a las «autonomías históricas». Esta reforma divide el Congreso en revolucionarios y constitucionalistas y le da bandera legitimista a los aspirantes a la silla presidencial.
Cipriano Castro, antiguo parcial de Andueza Palacio, cruza el río Táchira el 23 de mayo de 1899. Esta invasión se ha llamado la Revolución Liberal Restauradora o invasión de los sesenta. De segundo viene Juan Vicente Gómez, antiguo comerciante en ganado y de carácter reservado.
Castro es hombre nervioso, retórico, valiente. Triunfa en «Tononó», «Las Pilas», «Cordero». Resuelve marchar al centro y en Trujillo aprovecha la vieja contienda entre conservadores y liberales para identificarse con los segundos. En las alturas de Nirgua derrota al general Rosendo Medina y en Tocuyito, vence definitivamente a los generales Antonio Fernández y Diego Bautista Ferrer. Recibe el apoyo de los «nacionalistas», quienes creen que está trabajando para su jefe. Así lo apoyan Loreto Lima y Samuel Acosta.
Los liberales caraqueños que desconfían de Andrade presionan sobre éste para que renuncie y ganarse así al jefe andino, cuya influencia le disputan los nacionalistas. El banquero Manuel Antonio Matos, cuñado de Guzmán Blanco, quien se entrevista con Castro y le expone las bases necesarias para un pacto: renuncia del Presidente Andrade ante el Congreso, implantación de la Constitución de 1864 y nombramiento del Presidente por el Congreso. Castro pide la rendición incondicional.
Inexplicablemente, cercado por la traición, Andrade resuelve huir y el Presidente del Consejo de Gobierno declara acéfala la jefatura y se encarga del gobierno. Su fuga determina el triunfo de Castro. «Nuevos hombres, nuevos procedimientos, nuevos ideales», es la síntesis de su programa.
Con la entrada de Castro, Caracas ve de nuevo espectáculos a los cuales ya se había acostumbrado. Similar al de 1864, cuando entraron los federales, al de 1870, cuando entraron los de la Revolución de Abril, al de 1892, cuando penetraron los llaneros «legalistas» de Crespo. Adquiere de nuevo aspecto de campamento. Con Castro, dice Juan Oropesa, penetra en la historia «la llamada invasión andina, porque con ella irrumpen por primera vez en el escenario de la política nacional las hasta entonces más sedentarias masas de las tierras altas, integradas por gentes que hablan pausadamente, arrastrando las eses y cuya misma fisonomía, difiere de la del tipo más hibridizado del resto del país. Son los rústicos de la montaña, como antes habían sido los del Llano, Oriente y la Costa, quienes integran en su mayor parte el ejército con que Castro recorre, en poco menos de seis meses, los mil y tantos kilómetros que tiene que atravesar para llegar a Caracas».
El primer Gabinete de Castro se integra con predominio de los liberales del continuismo anduecista. El 28 de octubre de 1899, «El Mocho», aún con su nombramiento de Ministro en el bolsillo se pronuncia porque el Gabinete «no corresponde a las aspiraciones de la Revolución que quiere moralidad política y administrativa». No tarda en ser vencido y prisionero.
El año 1900 marca la ruptura de Castro con los banqueros capitalistas. Ante la negativa de estos de suscribir un empréstito, el gobierno amenaza con abrir las cajas fuertes a mandarriazos. Además, dicta un decreto mandatario a acuñar dos millones y medio de bolivares en plata y a circular setecientos cincuenta mil bolívares en níquel. Tal decreto introduce el pánico financiero y los banqueros objetan la política de Castro, yendo a tener a la cárcel. No tarda en lograrse la paz con los contendientes, pero al poco tiempo Matos, uno de los banqueros encarcelados, surgirá como jefe de la llamada Revolución Libertadora.